POR AMOR…

Cuantas más historias personales conozco más similitudes encuentro… cada persona es diferente, pero a todos nos mueve el mismo principio…el amor, en todas sus formas, direcciones,  colores,  presencias y ausencias.

Cuando somos padres, por regla general, amamos profundamente a nuestros hijos. Queremos que sean felices, lo deseamos más que nada en el mundo. Y nos ponemos manos a la obra para facilitarles el camino hacia la felicidad, camino que si lo toman, ya nos encargaremos nosotros de que lo tomen, serán seres dichosos.

¿Qué ocurre aquí?

Pues que ideamos cuál sería la mejor manera de que nuestros hijos llegaran a la meta de la felicidad, pero… ¿Qué camino deben tomar para ello? Pues el nuestro, por supuesto. Así que… ¿quién será feliz, él o nosotros?

Si creemos que la felicidad la da el dinero y la estabilidad económica, les incentivaremos para que se esfuercen en ese sentido… idearemos un itinerario para su consecución y reforzaremos y castigaremos toda aquella conducta o actitud que se acerque o aleje de nuestro “concepto” de camino óptimo a la felicidad.

Lo mismo pasa si creemos que la felicidad la da el estatus social, la belleza, tener muchos amigos, ser altruista, etc…

No digo que eso no conduzca hacia la felicidad, yo no tengo la llave, nadie la tiene porque no es universal, sino particular. Lo que hace feliz a uno no lo hace a otro. Por lo tanto, si yo como madre creo que para que mi hijo sea feliz tiene que tener muchos amigos, le conduciré a ello de una u otra manera pero,
eso es quizá lo que me hace feliz a mí, pero… ¿a mi hijo? Puede ser que a él le hagan feliz otras cosas… Y ahí está el error que muchos padres cometemos. Yo soy yo y mi hijo es mi hijo, el tendrá que buscar su propio camino. Por amor queremos facilitárselo, y es genial, pero hagámoslo desde lo que a él le haga feliz, aunque quizá a priori no lo entendamos. Puede ser que pensemos que una carrera de ciencias le dé un futuro estable, trabajo “fijo”, pero a él le encanta el arte, la música o el teatro, los números, las ciencias le aburren soberanamente… ¿qué haremos? Aquí dejo un largo silencio para reflexionar…

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Y luego están los hijos, que también por amor quieren agradar a los padres, que se sientan felices y orgullosos de ellos… quieren protegerlos de “sentirse defraudados” porque sus hijos quizá no cumplen sus expectativas… y empiezan a vivir una vida que no es la que ellos quisieran, si no la que sus padres han diseñado para ellos, para que estén contentos, para que se sientan orgullosos, para que les miren con esa mirada de aceptación y orgullo que todo hijo quiere ver en los ojos de sus padres cuando les miran.

Y paradójicamente ¿qué ocurre? Pues que ese objetivo de la felicidad de los padres no se cumple… porque el no “dejar ser” a cada quien lo que es, es el mejor modo de asegurar la infelicidad de una persona.

Los padres por amor, los hijos por amor… Siempre por amor, eso es lo importante. Así que… ¿qué tal si por amor “dejamos ser” y por amor “somos”?

Realmente todos tenemos el mismo objetivo, pero cada cual tiene que encontrar su manera de materializarlo.

Un abrazo

NUESTRO CAMPO DE ACCIÓN

Hola a todos!

Voy a hablar hoy de un tema que aunque obvio y lógico es importante recordar porque a menudo lo olvidamos.

En mi trabajo diario pregunto al inicio de cada sesión “¿Qué necesitas?, ¿Cuál es tu intención para el trabajo de hoy?”.

Y muchas de las respuestas son referentes al exterior… “Que fulanito haga esto”, “Que me ocurra lo otro”, “Que menganita cambie”, etc…

Es decir, cuestiones que están fuera de nuestro campo de acción.

Está claro que esas cosas que ocurren en el exterior no nos gustan, nos gustaría que no fueran así, pero la realidad es que ahora mismo lo son.

Hay ocasiones en que podemos cambiarlas, podemos hacer algo para ello, otras no…

Pero en una u otra, todo pasa por aceptar que son como son en la actualidad. Quedarnos en el “no deberían ser así” no sirve para nada, eso solo nos lleva a la frustración y nos quedamos bloqueados en eso.

Si podemos hacer algo para cambiarlo, adelante… las preguntas serían “¿cuál es la actitud que necesito para ello, cómo necesito sentirme internamente para hacerlo frente? ¿Qué recursos propios me vendrían bien?” Y potenciarlos, eso sí podemos trabajarlo, está dentro de nuestro campo de acción. Luego simplemente vendría el diseñar un plan de acción para su consecución.

En otras ocasiones existen realidades que no podemos modificar nosotros, entonces lo único que puede ayudarnos es la aceptación del hecho y trabajar internamente para ello. A partir de ahí la opción de soltar eso que no nos gusta o perjudica siempre está ahí.

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Hay una frase que me gusta mucho: “Me trataron mal ¿y qué hice? Me traté bien y me fui”

A veces el soltar es difícil, entonces desde la aceptación de que eso es así podemos trabajar el “vivir con ello”, esa es otra opción.

Es importante preguntarnos… de todo esto, ¿qué es lo que realmente me daña o hace sentir de esta manera? Muchas veces no somos conscientes de ello. Creemos que es la actitud del otro o algo que el otro hace, pero si en vez de mirar para afuera, miramos hacia dentro y dejamos que se forme una sensación en nuestro interior de todo lo que tiene que ver con ese asunto…  si estamos con ella, con una mirada amable, con aceptación, no tardará en darnos toda la información sobre lo que realmente ocurre, aquello que nos vendrá bien saber  para enfrentar esa situación o persona, de una manera u otra. Quizá no sea algo de esa persona lo que nos daña, quizá es algo nuestro… quizá sí está en nuestro campo de acción y no lo sabíamos… déjate sentir todo ello, escúchalo, te dará la clave. Siempre se puede hacer algo.

Un abrazo.

MEMORIAS TRAUMÁTICAS

Hoy voy a hablar sobre un hecho que veo cada día en mi trabajo y es importante que cada uno de nosotros seamos conscientes del origen de ciertas reacciones personales.

¿Os ha pasado alguna vez que ante un hecho determinado reaccionáis de una forma “poco lógica” con una activación emocional no concordante a la circunstancia ni a vuestra edad? ¿Por qué me siento tan mal por esta tontería? No lo entendemos, pero realmente nos sentimos abatidos, rabiosos o víctimas de las circunstancias, como atrapados.bos-394336_640

La respuesta está en las memorias traumáticas.

El ser humano tiende a la auto regeneración, tanto a nivel somático como emocional. Si nos hacemos una herida el cuerpo, por regla general, empieza a coagular la sangre, hasta formar una postilla y finalmente la herida se cura. Pero, ¿qué ocurre cuando hay una astilla en la herida, por ejemplo? Pues al encontrarse ese cuerpo extraño la herida no puede cicatrizar.

Lo mismo ocurre a nivel emocional.

A lo largo de nuestra vida, vivimos diversas circunstancias adversas, que gracias a los recursos internos y/o externos podemos hacerlas frente.

De pequeños, incluso de bebés, no hemos podido desarrollar esos recursos, no “entendemos” ciertas situaciones, aunque sean totalmente lógicas a los ojos adultos, y una vivencia dolorosa puede generar un trauma, se queda como congelado a nivel emocional. No hemos podido trabajarlo, ni colocarlo, ni sanarlo… y como la psique no puede con ello…queda en estado de congelación, generando un trauma.

Y en el transcurso de nuestra vida cualquier circunstancia que nos recuerde de alguna manera a aquella, hace que se active el cerebro reptil y  límbico volviendo a sentir todo aquello que sentimos, como si volviéramos a tener 4 años, como si volviéramos a vivirlo. Como quedando atrapado en aquella experiencia…

Quizá con un ejemplo se entienda mejor… Pongamos que una niña llamada Paula, que es el centro de atención de su familia, con 3 años tiene un hermano y sus padres se centran muchísimo en este porque nace delicado de salud, con poco peso y necesita mucha atención. Su madre ya no puede prestar a Paula tanta atención como antes, su hermano requiere mucha por su delicada salud… a nuestros ojos quizá sea algo lógico, pero a los ojos de Paula… no lo entiende… se siente abandonada y empieza a desarrollar mecanismos para llamar la atención de su madre, para que le haga el caso que le hacía antes, pero no funciona y además de no funcionar la madre le empieza a reñir porque ha empezado a portarse mal, su mirada hacía Paula ha cambiado, bastante tiene ella con dedicarse al pequeño y sacar su puesto trabajo adelante para que Paula se lo ponga aún más difícil. Pero  claro,  Paula no sabe cuál es la forma correcta de llamar la atención, lo hace como puede, y al parecer no es del agrado de la madre. Paula empieza a pensar que ha hecho algo mal, que hay algo malo en ella que despierta esa mirada de desaprobación y esa reducción de atención por parte de su madre e intenta demostrar que es merecedora de amor para volver al estado en el que se encontraba acogida, valorada y feliz… Ese será el patrón que Paula empezará a seguir desde ese momento… demostrar a los demás que es merecedora…

Y en la vida adulta… si esto no se ha trabajado, cualquier circunstancia que le haga sentir no merecedora, no mirada o privada de la atención antes dada… cualquier circunstancia que le recuerde a aquello, volverá a provocar las mismas sensaciones, aunque su mente de adulta, su mente racional entienda que no tiene sentido sentirlo, no podrá evitarlo…

Quizá con esta explicación podamos entender un poco más algunas reacciones y emociones que sentimos en ciertas circunstancias, que si las miramos con distancia no tardaremos en detectar un patrón y características comunes… y podremos conectarlas a experiencias vividas hace mucho tiempo.

Un abrazo

 

NUESTRO PODER PREMIADOR Y CASTIGADOR

Hoy quiero hablar sobre un tema curioso, paradójico, cotidiano y, a ojos de muchos, injusto. Pero me parece importante hablar sobre él para que podamos entenderlo cuando éste se presente a fin de vivirlo de otra manera.

Todos tenemos poder premiador o castigador con una misma acción dependiendo de con quién nos relacionemos y la relación que tengamos con esa persona.

Me explico con un ejemplo: Una madre que tiene dos hijos, uno de ellos, llamémosle A, tiene muchísimos detalles con ella, siempre mostrando cariño y atenciones de todo tipo. Su otro hijo, llamémosle B, no muestra ese tipo de comportamiento, casi no tiene detalles con ella y pocas veces muestra afecto ni atención por su madre, digamos que “va a su bola”.

Un buen día B va a visitar a su madre con un ramo de flores por el día de la madre mostrando un repertorio de conductas de cariño poco propias de él… acción que nunca había hecho, pero que A hacía todos los años incluso sin ser una fecha señalada.

¿Cómo creéis que es la reacción de esa madre ante el comportamiento de B?, ¿Qué diferencia puede haber en esa reacción respecto a A?

En efecto… el comportamiento de B será mucho más gratificante para la madre que el de A, ya que de A se lo espera, es “lo normal” en él. En cambio el de B es una “grata sorpresa”.

Es la diferencia entre “lo normal” y “la grata sorpresa”.

A tiene poco poder premiador en su madre…ya que todas esas acciones son normales en él, en cambio B tiene mucho poder premiador… hay muchas posibilidades de esa “grata sorpresa”.Reward Vs Punish Toggle Switch Lever Discipline Lesson

Pero imaginemos que pasa lo contrario… Ninguno de los dos se acuerda de felicitar a su madre ese día señalado… Con una alta probabilidad la madre se sentirá molesta con A por no acordarse ese año, en cambio con B… es lo normal… tampoco lo esperaba.

En resumidas cuentas,  A tiene poco poder premiador ante su madre, pero mucho castigador, en cambio, su hermano B tiene mucho poder premiador y poco castigador.

Paradójico, ¿verdad? El hermano que más muestra detalles y cariño no tiene apenas poder premiador y sí castigador y el que “pasa” tiene mucho poder premiador y poco castigador.

Imagino que ahora, al leer esto, os estarán pasando por la cabeza miles de situaciones vividas siendo vosotros mismos cualquiera de los personajes mencionados, porque recordar que todos hemos estado en los tres papeles relatados, ya que esto es extrapolable a cualquier tipo de relación… grupo de amigos en los que haya más estrecha relación con unos que con otros, etc.

Los padres en general tienen poco poder premiador y mucho castigador… lo dan todo, pero tienen muy poco poder premiador porque “es lo normal” pero mucho castigador porque esperamos todo de ellos y si fallan… ¡hacemos un drama! Por ejemplo, que te felicite tu madre el día de tu cumpleaños es normal, pero que no lo haga puede ser hasta doloroso… y si pasa lo mismo con tu tía la de Cuenca, ¿la reacción será la misma? Todo depende de las relaciones que tengas con ambas, pero en términos generales apuesto a que no será lo mismo. No sé si me explico…

Con todo ello os invito a reflexionar sobre vuestras relaciones y el poder que tenemos en ellas, así como el que tengas tú respecto a los demás y podamos, con ello,  “entender” de otra manera las reacciones propias y las del entorno. ¿Justo?, ¿Injusto? No lo sé… pero humano si lo es y todos las hemos vivido en un rol u otro.

Un abrazo

LA AUTOJUSTIFICACIÓN

¿Os ha pasado alguna vez que hacéis, decís o sentís algo y luego os quedáis como con “mal cuerpo”? En muchas ocasiones hacemos, sentimos o decimos cosas que nos remueven por dentro haciéndonos sentir inquietos y mal con nosotros mismos… ¿Qué ocurre ahí?

Es algo que hacemos todos constantemente, necesitamos sentirnos alineados y congruentes en toda nuestra totalidad y hay muchas ocasiones en las que tenemos pensamientos, sensaciones o sentimientos contrarios, no congruentes y no alineados.

Tenemos una opinión sobre algo, pero nuestro hacer no va en esa línea… Tenemos una creencia sobre otra cosa y nuestro sentir sobre eso no lo acompaña…

La razón reside en que muchas de las opiniones y creencias que tenemos no son nuestras, son adoptadas o impuestas por diversos motivos y orígenes, pero hoy no voy a entrar en eso, ya he comentado sobre ello largo y tendido… Hoy voy a hablar sobre lo que hacemos cuando esto sucede… ¿Qué hacemos para romper esa inquietud y devolver a nuestro ser la sensación de control y homeostasis?

Usamos la AUTOJUSTIFICACIÓN de nuestras propias acciones, creencias y sentimientos.

Cuando una persona hace algo, intentará, si es posible, convencerse a sí misma (y a los demás) de que era una cosa lógica y razonable. Que no podía hacer otra cosa.

Se produce un estado de tensión cuando mantenemos simultáneamente dos ideas, actitudes, creencias, opiniones, psicológicamente incompatibles. Por ejemplo, la diada salud-tabaco.

Puesto que esto genera una sensación desagradable, nos vedisonancia-cognitivamos impulsados a reducirla. ¿Cómo? Autojustificándonos.

O por ejemplo cuando nos ponemos como locos chillando y perdiendo los papeles con alguien… Esa conducta es incompatible con la creencia de “no se debe chillar de ese modo” o “yo soy una persona cabal y buena y las personas cabales y buenas no pierden los papeles”. Nos sentimos mal por ello… Entonces, ¿qué hacemos? Nos justificamos… Generalmente echando la culpa al otro… que “me ha puesto así”, “me vuelve loco” y “me saca de quicio”… Pero seamos honestos… el que elige comportarse así soy yo… Que yo sepa no somos marionetas, si no personas con poder de decisión.

La misma agua hirviendo que ablanda una patata endurece un huevo. Se trata de lo que estamos hechos, no de las circunstancias.

Otro aspecto del mismo hecho es el caso de conductas o posturas que requieren mucho esfuerzo al ser llevadas a cabo, tenemos que justificar nuestro esfuerzo, si no… ¿qué sentido tiene hacerlo?

Recuerdo una ocasión en la que en una sesión grupal unos cuantos integrantes  discutían sobre el método de dormir a sus niños. Unos apostaban por un estilo contrario al de los otros. Pues bien, me llamó la atención una de esas personas, que no solamente defendía su postura, sino que hablaba de la contraria de una forma atroz, con mucho enfado y de manera muy agresiva, estilo poco propio en ella.

Más tarde, lo entendí todo cuando supe que esta madre se había decidido por una opción y el coste de la misma había sido muy alto. Llevaba 2 años sin apenas dormir más de 4 horas seguidas. Existía una gran disonancia entre la necesidad de descansar y dormir y lo que consideraba que era mejor para su hijo. Necesitaba una justificación para poder seguir adelante, justificar todo ese esfuerzo, esa falta de sueño, de descanso, viendo y haciendo ver a los demás y sobre todo a sí misma, que no había opción, ya que el otro método era horrible y perjudicial para un niño pequeño… Entendéis, ¿verdad? Es un salvoconducto psicológico que todos usamos frecuentemente.

Tras esto os invito a reflexionar y “cazar” todas las autojustificaciones que nos hacemos a lo largo del día, incluso a identificar las de los demás… Os garantizo que os quedareis sorprendidos.

Un abrazo.

 

¿POR QUÉ NO QUEREMOS QUE NOS VEAN LLORAR?

Es un fenómeno muy común, lo veo a nivel profesional y también personal… ¿qué problema hay en llorar, si es algo tan natural como el reír?

A mí tampoco me gustaba… pero ya le he cogido el gusto y cuando brota el llanto lo dejo correr libremente… me quedo tan a gusto como con una buena risotada. Lo natOjos-Tristes-36-min-300x225ural nunca es malo, eso al menos creo yo.

El otro día con amigos oí como un adulto le decía a mi hijo de 6 años: ”Los niños vascos no lloran”, imaginaros mi reacción… le dije: “No, los niños vascos reprimen y luego van al psicólogo”. Me horrorizó ese comentario, la verdad…

Puedo citar miles de ellos que oigo constantemente…”Hijo, ven que te quito las lágrimas para que no te las vea nadie”… ¿Qué hay de malo en que se las vean?.  No tengo en el ordenador emoticonos, pero si los tuviera pondría el de ojiplático. Así se me queda la cara cuando oigo algo así.

¿Si nos ven llorar somos más vulnerables?,  ¿Se rompe nuestra coraza y ven lo que hay dentro?,  ¿A qué tenemos tanto miedo?.  El mayor daño que nos hacemos es a nosotros mismos ahogándonos dentro de esa coraza, esa armadura que nos hemos creado, paradójicamente para no sufrir… Los niños no tienen coraza, pero les enseñamos a construirla poco a poco con comentarios como estos.

En adultos, me he encontrado más de uno que me pide permiso para llorar… “tengo ganas de llorar, ¿puedo?  ” “Es que de pequeño/a no me dejaban”…

Imagino que esto que os digo no os sonará ajeno, ¿verdad? Sobre todo en niños, más que en niñas, estereotipos…

Y esto  ¿a qué se debe? Desde luego a que llorar sea malo no, eso seguro. Yo creo que tiene más que ver con el tema de la vulnerabilidad y con la persona que presencia el llanto y la incomodidad que siente… no sabemos reaccionar ante alguien que llora… y si es adulto menos todavía…

Aún recuerdo un día que en el patio del colegio de mis hijos me preguntó un padre:  ”¿Qué tal?” y la verdad es que estaba agotada, muchas noches sin dormir por mi reciente maternidad…y de puro agotamiento…me brotaron las lágrimas… sentí la incomodidad en su expresión… más adelante me lo confirmó, no sabía dónde meterse ni qué decir. Y la verdad es que este hecho es muy común, no estamos preparados para ver llorar a otro… y esto es porque desde pequeños nos transmiten ese tabú respecto al llanto.

¿Lo rompemos? Yo lo estoy deseando… no más mensajes de “niño no llores” por favor, si el niño llora es porque se siente mal… y si no expresa ese malestar como sabe, que es mediante el llanto… lo reprimirá y las consecuencias os aseguro que no son las mejores.

Recordad que si no llora el ojo, lo hará otro órgano.

Cambiemos eso entre todos, no es difícil y el mundo será más libre…

Un abrazo.

NUESTRO SEXTO SENTIDO

Hoy quisiera dedicar estas líneas a hablar sobre lo comúnmente llamado “sexto sentido”.

¿Qué es, en realidad, el sexto sentido?

A lo que se llama sexto sentido es una especie de sensación interior, como una alerta que nos muestra algo que no podemos captar mediante los otros sentidos.

De sobra conocemos los 5 sentidos, vista, oído, tacto, gusto y olfato. A través de ellos recibimos los estímulos que vienen del exterior. Pero también, todos alguna vez en nuestra vida hemos percibido cosas que no vemos, oímos, tocamos… pero tenemos la certeza de que son ciertas aunque no podamos demostrarlo a priori.

En ese caso hablamos de intuición, corazonada… sexto sentido.

Durante mucho tiempo se ha negado su existencia, actualmente se está estudiando científicamente su funcionamiento…  queda mucho aún por descubrir en el cerebro humano…

En mi opinión, el sexto sentido existe y sus dimensiones son infinitas y desconocidas.

Sabemos muchísimas cosas, muchas más de las que somos conscientes… a la conciencia llega muy poca información…  pero en nosotros hay mucha, muchísima.

La mayor parte de las veces no hacemos caso a esa intuición, que nos avisa de que algo es positivo o negativo para nosotros y nos dejamos guiar por el razonamiento para tomar decisiones.

Frases como: “sé que eso no debería hacerlo, pero no sé por qué” o cuando pasa algo: “sabía que eso iba a pasar, pero no sé por qué”.

Por lo general no hacemos caso a ese sexto sentido, a esa intuición que nos avisa y nos da información, pensamos: “debería haber seguido mi instinto”, pero lo que ocurre es que la próxima vez que nos indique algo volveremos a ignorarlo en pro de la “razón”,  ¿o no?.

¿Cuál es el origen de esa sabiduría intangible? Habrá quien diga que se debe al conocimiento adquirido de forma transgeneracional y que nos es inconsciente. Otros hablarán de vidas pasadas en las que hemos adquirido esa sabiduría. Otros afirmarán que se debe al inconsciente colectivo. También oiremos que nuestra capacidad perceptiva es inconmensurable y no somos conscientes de señales casi inapreciables que nuestro ser percibe y no pasan a nuestro plano consciente. Sea lo que sea el origen, no voy a entrar en él… sino en su efecto.

Yo, personalmente siempre he pensado que tenía “mucha intuición”, sobre todo con las personas,  de hecho, entre otros motivos este era uno por el que me decidí a dedicarme a esta profesión.

Como todos, en innumerables ocasiones, he relegado esa intuición en pro de la razón o la “lógica”. De hecho, es a lo que nos enseñan desde pequeños, nos desconectamos y hacemos caso a la mente, llena de ideas aprendidas, ajenas,  más que al cuerpo, como he comentado en posts anteriores.

Y, ¡Cuántas veces me he arrepentido!, cuántas veces me he dicho “Si lo sabías, sabías que ibas de cabeza al desastre, que ese no era el camino”, pero la fuerza del peso que nuestra sociedad da a la razón hacía que el seguir mi instinto fuera “una locura”.

Han sido tantas veces, que no hace mucho tiempo, unos del-reiki-y-la-intuicionos años más o menos, cambié el chip y decidí, seguir “mis locuras”, mis corazonadas, mi instinto, mi sentir, mi voz interior, mi “sexto sentido”. No me he arrepentido nunca de una decisión tomada desde ahí.

Tampoco estoy diciendo que no hagamos caso a la razón ni mucho menos, los radicalismos nunca conducen a buen puerto.

Más bien me refiero a escuchar esa voz interior y tomarla en serio, cuestionarse los porqués de seguir a la razón, si son impuestos o propios, y tomar las decisiones con el máximo de recursos posibles. No descartar esa intuición a priori…

Hay técnicas que ayudan a escuchar la voz interior, a dar significado a las sensaciones que nos guían para un camino u otro… y luego cada uno que tome sus propias decisiones.

¿Qué me decís?, ¿Os animáis a probar?

Un abrazo.